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LA NACION - 2021-09-15

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Alarma en China por la debacle de un gigantesco ícono inmobiliario

EL MUNDO

PEKÍN.– El gigante inmobiliario chino Evergrande, cuya deuda supera los 305.000 millones de dólares, admitió ayer que está al borde de la quiebra y encendió las alarmas en la dirigencia de la segunda potencia económica mundial y en cientos de miles de clientes que se verían arrastrados en la caída. La empresa reconoció que se encuentra bajo “tremenda presión”, ahogada en una montaña de obligaciones financieras después de años de endeudamiento para financiar un crecimientomonumental,yafectada como nadie por un reciente cambio en las normas que rigen los límites de préstamos. Las autoridades financieras chinas advirtieron que la eventual caída de la compañía supone riesgos sistémicos para el mercado financiero del país, ya que sus obligaciones están vinculadas a más de 240 entidades bancarias y financieras. Evergrande explicó en un comunicado en la Bolsa de Hong Kong que contrató asesores financieros para explorar “todas las soluciones viables” para solventar su falta de liquidez, y advirtió que no podía garantizar el cumplimientodesusdeudas.elanunciohizoquesedesplomaransusacciones, que este año ya cayeron 80%. Fundada en Cantón en 1996, Evergrande es uno de los íconos de la era de préstamos y construcción en China, pero con el inmenso pasivo acumulado su posible colapso se anticipa como uno de los mayores de las últimas décadas en el país. El probable riesgo de quiebra no solo desvela al régimen del presidente Xi Jinping, por el impacto sobre la economía nacional, sino en cientos de miles de chinos en pie de guerra por la debacle de la empresa, porque sus viviendas penden de un hilo. La consultora Capital Economics estima que Evergrande tiene 1,4 millones de propiedades por terminar. Pero estos finales de obra, así como la devolución de su deuda, están en duda ante los problemas para vender sus activos y obtener liquidez. Los temblores de Evergrande coinciden con la campaña de las autoridades para limitar el poder de las gigantescas corporaciones privadas. Existen opiniones cruzadas sobre si el régimen comunista dejará o no caer una empresa semejante, una decisión que provocaría importantes repercusiones en la economía nacional y la internacional. La deuda del grupo, que tiene otras actividades, equivale al 2% del PBI del país. Según analistas del centro Sinoinsider, con sede en Estados Unidos, Pekín “no dejará que Evergrande vaya a la quiebra” porque minaría la estabilidad del régimen. Para otros, como el economista jefe de Capital Economics en Asia, Mark Williams, un rescate es poco probable. Evergrande “es el símbolo del apalancamiento excesivo de un sector donde los gobernantes quieren imponer más disciplina”, dijo Williams. Y añadió que si el grupo colapsa Xi priorizará la ayuda a los compradores para evitar que el golpe derive en malestar social. Frenesí inmobiliario Evergrande, que creció de la mano del frenesí inmobiliario de China en la década de 1990, se resintió tras las recientes reglas que limitan los créditos y fuerzan a los promotores a reducir su deuda. La empresa había resultado beneficiada, en ese entonces, por la ola migratoria a las ciudades y las extensiones de los derechos de propiedad inmobiliaria en el país. Para 2009, ya cotizaba en la Bolsa de Hong Kong, en donde tuvo un buen desempeño durante los siguientes diez años. El sistema de créditos era un incentivo atractivo para muchos compradores que buscaban mudarse a propiedades recién construidas. Ahora, esos inversores frustrados llenan las redes sociales de quejas porque la construcción de sus departamentos está paralizada. La restricción del crédito, dispuesta el año pasado por el gobierno, fue “innecesariamente agresiva” y puede afectar en la demanda industrial y el consumo, advirtieron a la agencia financiera Bloomberg expertos del Bank of America. Cientos de compradores comenzaron a protestar frente a las distintas oficinas de Evergrande, que tiene 200.000 empleados y 3,8 millones de contratistas. En Shenzhen (sudeste), el mes pasado, un grupo de manifestantes se reunió en la puerta de la casa matriz de la empresa para reclamar el reembolso de sus inversiones. Las protestas se repitieron esta semana en todo el país. “Estoy preocupado por mi departamento. Según el contrato tendría que entregarse antes del 31 de octubre”, dijo Kevin, un comprador de la provincia de Henan. “Cuando pregunté, me dijeron que se había retrasado porque no tienen suficientes trabajadores”, añadió. En Shenzhen, la policía bloqueó ayer el acceso a las oficinas de Evergrande por el aluvión de manifestantes, entre los que había contratistas e inversores. Si bien los problemas se acaban de hacer explícitos, las ventas de Evergrande vienen disminuyendo constantemente desde junio. Septiembre suele ser el mes en que las inmobiliarias chinas registran mayores ventas de contratos. Sin embargo, todo indicaría que este mes terminará siendo una excepción para Evergrande, y una inmensa frustración para los cientos de miles de compradores que depositaron su dinero y sus ilusiones en una nueva propiedad que, quizá, no verá la luz del día.

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