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LA NACION - 2021-09-15

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La era Merkel llega a su fin y deja un historial con altibajos domésticos y regionales

EL MUNDO

Ishaan Tharoor Traducción de Jaime Arrambide

WASHINGTON.– Hace más de 16 años que la canciller alemana, Angela Merkel, está en el corazón de la política europea. Primera canciller mujer de su país, Merkel mantuvo firme el timón de la mayor economía de Europa –y, por extensión, del resto del continente– durante sus ciclos de crisis, desde el impacto de la recesión global y el riesgo de colapso de la eurozona hasta la oleada migratoria de 2015. Así ganó su reputación de trabajadora seria, de líder estable y de política con un don especial para los consensos. Cuando Donald Trump ocupó la presidencia de Estados Unidos, Merkel fue considerada por un tiempo la gran defensora del orden liberal occidental, una imagen que terminó de fraguar con la inolvidable foto de 2018 que la capturó fulminando a Trump con la mirada a través de la mesa, como una estricta maestra de escuela a punto de poner en caja a un alumno retobado. Pero ahora estamos en las postrimerías crepusculares de la era Merkel. En menos de dos semanas, los alemanes elegirán un nuevo gobierno, en el que Merkel no tendrá participación alguna. Sin su talismán electoral por primera vez en una generación, la Unión Demócrata Cristiana de Alemania, el partido de centroderecha de Merkel, tal vez termine en las bancas de la oposición. Y más allá todo el respeto y la admiración que despierta tanto en su país como en el extranjero, lo cierto es que el historial de Merkel tiene sus altibajos. Para empezar, y aunque se ha presentado como la campeona de las medidas contra el cambio climático, Alemania sigue siendo el mayor productor mundial de lignito, el carbón mineral que se produce por compresión natural de la turba. En 2009, su implacable manejo de la crisis de deudas soberanas de la eurozona la convirtió en una villana para Grecia, que tuvo que aceptar las draconianas medidas de austeridad que le ordenaban los financistas desde el norte del continente. Merkel cosechó aplausos en 2015 por su decisión de recibir a un millón de migrantes de países como Siria y Afganistán, mientras otros países europeos intentaban impedir que el flujo de migrantes y refugiados llegara hasta sus fronteras. Pero cuando las reacciones políticas fueron negativas, la canciller siempre viró a la derecha. Su pragmatismo no logró impedir el auge de apoyo hacia el ultranacionalismo ni la impactante llegada al Parlamento alemán del partido ultraderechista Alternativa para Alemania. Legado complicado Merkel “deja un legado complicado”, escribió Loveday Morris en un artículo de The Washington Post en el que también aborda el sutil manejo de la canciller con las potencias autocráticas del este. “Algunos aplauden su estilo político humilde y consensual. Pero otros ven falta de contundencia en el liderazgo, en especial frente a la creciente agresividad de Rusia y al auge del poder de China”. A pesar de la solidez y la estabilidad de su mandato, lo cierto es que ahora Merkel está generando una auténtica situación de incertidumbre política en Alemania. Ninguno de sus posibles sucesores está a su altura, y los últimos años de su mandato han profundizado las dudas sobre el lugar de Alemania dentro de Europa y su relación con otras potencias, desde Estados Unidos hasta China. “Su éxito en preservar la sensación de que Alemania podía aislarse del caos global fomentó una atmósfera de deriva donde las declaraciones de preocupación vacías se consideran un sustituto válido de la capacidad de tomar medidas concretas”, escribió Alexander Clarkson en New Statesman. En vísperas de las elecciones del 26 de septiembre, los democristianos, encabezados por el menos popular y más propenso a los derrapes Armin Laschet, se han desplomado drásticamente en las encuestas. En términos de preferencia política, Laschet está detrás de Annalena Baerbock, de Los Verdes, y del socialdemócrata de centroizquierda Olaf Scholz, cuyo partido pasó años como socio menor de la coalición política encabezada por Merkel, pero que en breve podría quedar sentado al volante de Alemania. “El gran problema de Laschet es que no ha logrado convencer a los votantes de que es tan capaz para el cargo como Merkel”, dijo Julia Reuschenbach, politóloga de la Universidad de Bonn, al diario The New York Times, y agregó que Laschet “parece inseguro, frívolo y poco profesional”. Los televidentes alemanes consideraron a Scholz vencedor del penúltimo debate entre los principales candidatos, el domingo pasado. Pero los analistas lamentaron la estrechez del debate, en el que abundaron las críticas por varios escándalos internos pero hubo poca discusión sobre política europea o internacional. El próximo líder alemán tendrá que lidiar con los problemas que le deja Merkel, como la dudosa vigencia del Estado de Derecho en algunos países de la Unión Europea y la creciente sensación de que Europa debe ser más enérgica en la defensa de sus intereses en el escenario mundial. Consecuencias a largo plazo El legado de un liderazgo sólido y estable que deja Merkel corre a la par de acontecimientos que muestran los límites tanto de su influencia como de sus instintos, a veces equívocos. “Las verdaderas consecuencias recién se harán evidentes en los próximos años”, señaló el semanario alemán Der Spiegel. “El predominio chino en el escenario mundial, los efectos cada vez más drásticos del cambio climático, una Europa que se está partiendo a lo largo de la grieta entre el liberalismo y el antiliberalismo, y nuevas oleadas de refugiados derivadas de conflictos no resueltos en todo el mundo. Ante tamaños desafíos, tal vez la era de Merkel sea un período de calma que muy pronto añoraremos”. “El merkelismo ya no es sostenible, y el próximo canciller de Alemania tendrá que encontrar otra manera de avanzar”, dice Piotr Buras, investigador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés). “Tal vez Merkel haya mantenido hábilmente el statu quo en todo el continente durante los últimos 15 años, pero los desafíos actuales que enfrenta Europa –la pandemia, el cambio climático y la competencia geopolítica– demandan soluciones drásticas, no cambios cosméticos”. De todos modos, Merkel sigue siendo una figura sumamente popular. Según un nuevo relevamiento del ECFR, del que Buras es coautor, las mayorías relativas encuestadas en 12 países europeos creen que si Merkel no hubiera estado en el poder el mundo habría sufrido más conflictos. Y ante la hipotética alternativa de poder elegir “presidente” de la Unión Europea a Merkel o el presidente francés, Emmanuel Macron, en casi todos los países la mayoría optaron por la canciller. “Con su estilo de liderazgo tecnocrático, Merkel parece haberse ganado mucho más la confianza de los europeos que Macron con sus discursos visionarios”, señala el informe.

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