Publication:

LA NACION - 2021-09-15

Data:

Advertencia papal a los líderes soberanistas: “No reduzcamos la cruz a un símbolo político”

EL MUNDO

KOSICE (De una enviada especial).– “No reduzcamos la cruz a un objeto de devoción, mucho menos a un símbolo político, a un signo de importancia religiosa y social (…) La cruz exige un testimonio límpido. Porque la cruz no quiere ser una bandera que enarbolar, sino la fuente pura de un nuevo modo de vivir. ¿Cuál? El del Evangelio”. A los pies de los fascinantes montes Tatra, en el este de Eslovaquia, a pocos kilómetros de la frontera con Hungría, corazón del centro de Europa, el Papa lanzó ayer otro fuerte mensaje a aquellos líderes populistas que utilizan el cristianismo con fines de propaganda, en este rincón del planeta, pero no solo aquí. Con sus palabras, en efecto, le habló al mundo entero e hizo pensar en políticos soberanistas como el premier húngaro, Viktor Orban, con quien se reunió el domingo fugazmente en Budapest; el exviceprimer ministro italiano Matteo Salvini, líder de la derechista Liga; el expresidente Donald Trump, o el mandatario brasileño, Jair Bolsonaro. Todos líderes de fachada muy devotos, que en su momento enarbolaron Biblias o rosarios, pero poco cristianos a la hora de la solidaridad con refugiados y migrantes. El Papa volvió a dejar en claro su visión de una Iglesia preocupada más por las acciones concretas que, por lo exterior, en una Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo, que presidió ante miles de fieles grecocatólicos congregados desde el alba en la plaza adyacente al campo deportivo de Prešov, la tercera ciudad más importante de Eslovaquia, de 90.000 habitantes, 30 kilómetros al norte de Kosice. “El testigo que tiene la cruz en el corazón y no solamente en el cuello no ve a nadie como enemigo, sino que ve a todos como hermanos y hermanas por los que Jesús ha dado la vida”, dijo. “El testigo de la cruz no recuerda los agravios del pasado y no se lamenta del presente. El testigo de la cruz no usa los caminos del engaño y del poder mundano, no quiere imponerse a sí mismo y a los suyos, sino dar la propia vida por los demás. No busca los propios beneficios para después mostrarse devoto, esta sería una religión del doblez, no el testimonio del Dios crucificado”, agregó Francisco, que llegó en avión desde Bratislava hasta la cercana ciudad de Kosice, después de 50 minutos de vuelo. Abrir el corazón En la jornada en la que los católicos recuerdan la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, en su homilía el exarzobispo de Buenos Aires –ataviado con paramentos rojos– recordó que algunos santos enseñaron que la cruz es como un libro que, para conocerlo, es necesario abrir y leer. “No basta adquirir un libro, darle un vistazo y colocarlo en un lugar visible de la casa. Lo mismo vale para la cruz: está pintada o esculpida en cada rincón de nuestras iglesias. Son incontables los crucifijos: en el cuello, en casa, en el auto, en el bolsillo. Pero no sirve de nada si no nos detenemos a mirar al Crucificado y no le abrimos el corazón”, explicó ante unas 30.000 personas, que, cuando llegó a la explanada del campo deportivo de Prešov –ya visitado por san Juan Pablo II en 1995 y que funcionó como un centro de vacunación anti-covid–, le dieron otro baño de multitud. Recepción Cuando Francisco, de 84 años, que se operó de colon el 4 de julio pasado, dio una vuelta en papamóvil por el lugar, los fieles, entre ellos eslovacos de todas las latitudes, polacos, rumanos, húngaros y ucranianos –países vecinos–, demostraron su júbilo agitando banderitas del Vaticano amarillas y blancas, con una alegría contenida, típicamente eslava. En este pequeño país, que se separó por consenso de la República Checa en 1993, de gran mayoría católica (el 73%), también hay un 4% de grecocatólicos, que fueron especialmente perseguidos durante el régimen comunista y a quienes el papa Francisco quiso alentar con una Divina Liturgia, que no es ni más ni menos que una misa en el rito bizantino, que se destacó por sus bellísimos, aunque tristes, coros. “Queridos hermanos y hermanas, ustedes han sido testigos. Conserven el amado recuerdo de las personas que los han amamantado y criado en la fe. Personas humildes, sencillas, que han dado la vida amando hasta el extremo”, les dijo a todos ellos el Papa. “Ellos son nuestros héroes, los héroes de la cotidianidad, y sus vidas son las que cambian la historia. Los testigos engendran otros testigos, porque son dadores de vida. Y así se difunde la fe. No con el poder del mundo, sino con la sabiduría de la cruz; no con las estructuras, sino con el testimonio”, insistió. Al final de una celebración eucarística en la que era impresionante el clima de recogimiento y en la que los fieles, muchos con barbijo, se protegían del sol con paraguas, monseñor Jan Babjak, arzobispo metropolitano de esta ciudad para los católicos de rito bizantino y jesuita, agradeció la visita del huésped ilustre. En otra jornada agotadora, pero en la que nuevamente se mostró de buen humor y con mucha energía, después de almorzar en el seminario de Kosice y visitar un emblemático barrio gitano (ver aparte), Francisco tuvo un nuevo baño de masas. Fue aclamado por unos 20.000 jóvenes con quienes se reunió en el estadio Lokomotiva, a quienes aseguró que “la verdadera revolución, hoy, es rebelarse contra la cultura de lo provisorio, es ir más allá del instinto y del instante, es amar para toda la vida y con todo nuestro ser”. Luego de regresar a Bratislava y pasar su última noche en la nunciatura, hoy, después de una misa en el santuario mariano de Sastin, el más importante del país, en el día de la fiesta de la Virgen de los Siete Dolores, patrona de Eslovaquia, regresará a Roma.

Images:

Categories:

LA NACION

© PressReader. All rights reserved.