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LA NACION - 2021-09-15

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Francisco condenó el racismo en el barrio gitano más grande de Europa

EL MUNDO

Elisabetta Piqué ENVIADA ESPECIAL

KOSICE.– En Eslovaquia hubieran preferido que el papa Francisco no fuera a Lunik IX, el barrio gitano más grande de Europa, también conocido como “el gueto de la vergüenza”. Allí, unas 4300 personas de la minoría rom –que representa el 8% de la población de poco más de cinco millones de este país– viven en condiciones terribles. Hacinadas en departamentos destruidos, sin servicios básicos, sin empleo, sin salud, ni educación y totalmente discriminadas. En 2013, vecinos de un barrio contiguo hasta quisieron segregarlos aún más, al construir un muro de hormigón de tres metros de altura a su alrededor, del que hoy solo quedan restos. Coherente con su prédica en favor de los últimos, los descartados, los marginados, Francisco ayer fue igual a Lunik IX. Y lo hizo con un objetivo muy claro: visibilizar su dramática exclusión y gritarle al mundo que “nadie en la Iglesia debe sentirse fuera de lugar o dejado de lado”. “Sí, la Iglesia es casa, es su casa. Por eso –quisiera decirles con el corazón– ustedes son bienvenidos, siéntanse siempre en casa en la Iglesia y nunca tengan miedo de estar aquí. ¡Que ninguno los deje, a ustedes ni a ninguna otra persona, fuera de la Iglesia!”, clamó. Otra cara La visita del Papa a este Fuerte Apache eslavo significó para la mayoritariamente católica Eslovaquia exhibir al mundo otra cara, la del racismo, la violencia, el no reconocimiento del otro. Para la ocasión, Lunik IX, un barrio de las afueras de Kosice que también recuerda el de Scampia, de la periferia degradada de Nápoles, recibió una pintada de cara. Se veía maquillado para la ocasión, con una pared de sus monoblocks pintada con algunas flores de colores y pancartas de bienvenida. Pero Lunik IX –también custodiado por francotiradores en los techos, efectivos del Ejército a pie y a caballo, vallas y demás medidas de seguridad– no podía ocultar su historia. Las ventanas rotas de los monoblocks de seis pisos descascarados, sus escaleras sin barandas y fachadas ennegrecidas por los incendios que suelen desatarse en invierno, cuando hace mucho frío y la gente prende hogueras en sus hogares para calentarse y se desatan fuegos mortales, saltaban a la vista. Aunque no se veía porque la habían sacado, todo el mundo sabe que en este barrio, al que muchos eslovacos nunca fueron porque le tienen miedo –el prejuicio es que los gitanos son delincuentes–, la basura suele acumularse hasta construir montañas. Algo que hace las calles insalubres y que vuelvan enfermedades erradicadas en Europa. Cuando Kosice –ciudad en la que, en 1924, nació Ferdinand Fallik, famoso artista argentino– formaba parte de Checoslovaquia, en Lunik, complejodemonoblocksconstruido a fines de la década del 1970, convivían muchos vecinos de clase media, en armonía. Luego de la caída del Muro de Berlín, cuando el régimen comunista checoslovaco también se derrumbó y se desataron enormes cambios sociales, en el barrio comenzaron a vivir todos los que no podían permitirse hacerlo en el centro de Kosice, la mayoría, gitanos. El resto de los vecinos se fueron mudando a otras zonas y Lunik IX terminó siendo un verdadero gueto, donde la discriminación racial está a la orden del día. “¡Cuántas veces los juicios son en realidad prejuicios, cuántas veces adjetivamos! No se puede encasillar a las personas”, dijo el exarzobispo de Buenos Aires, que habló desde un palco montado por salesianos que, desde 2008, trabajan allí para mejorar las condiciones de vida del gueto. “Queridos hermanos y hermanas, demasiadas veces han sido objeto de preconceptos y de juicios despiadados, de estereotipos discriminatorios, de palabras y gestos difamatorios”, lamentó. Espectadores “Marginar a las personas no resuelve nada. Cuando se alimenta la cerrazón, antes o después estalla la rabia. El camino para una convivencia pacífica es la integración”, insistió, en palabras traducidas luego al romaní por un sacerdote. Lo escuchaban entonces, algunos sentados en bancos y muchísimos otros asomados desde las ventanas rotas y sin vidrios de los monoblocks, centenares de residentes del barrio, que lo recibieron de manera triunfal. “Te amamos, Papa!”, le gritaban en romaní, que también Francisco utilizó para despedirse, al final de una visita que muchos eslovacos esperan que marque un giro. “Ojalá que haga que los eslovacos y los gitanos nos conectemos, que haya un puente entre nosotros y que pueda comenzar un proceso por el que se termine esta marginación, algo que no es fácil”, dijo a la nacion Pavol Hrabovecky, vicedecano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de esta ciudad. Con lágrimas de emoción, Karo Sivak, gitano de 49 años, desdentado y con un rosario al cuello, contó a la –a través de un traductor– que nacion vino desde otro asentamiento gitano cercano a la ciudad de Bardejov. “Nosotros somos muy discriminados, pero Jesús nos mandó al Papa, es una bendición”, exclamó. Kevin, de 20 años, admitió que quedó sorprendido cuando se enteró de la visita del papa del fin del mundo a su gueto. ¿Por qué? “Porque la mayoría de las personas que visitan este país nunca vinieron a Lunik IX”.

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