Publication:

LA NACION - 2021-09-15

Data:

Gobierno de las leyes

EDITORIALES | CARTAS

En la interesante entrevista al profesor Gargarella que publicó el excelente suplemento El Berlinés, me extraña que, con mezcla de tristeza y asombro, afirme: “Hicimos crecer exponencialmente los derechos, pero el poder sigue concentrado”. Sabemos que no se incrementan los derechos por el simple recurso de escribirlos. Es que una de las primeras cosas que perdimos en este país fue el “gobierno de las leyes”, retrocediendo a la forma más primitiva del “gobierno de los hombres”. Perder la posibilidad de gobernarnos mediante la ley –uno de los instrumentos más poderosos que recibió el hombre, según Hayek– ha sido la causa de nuestro desquicio. Es una utopía pensar en expandir los derechos a fuerza de leyes devaluadas, irreales, votadas alegremente sabiendo que no serán cumplidas (82% móvil, el derecho a la vivienda digna...) o la misma reforma de 1994, que, en sus palabras, “dio estatus constitucional a todos los derechos que andaban circulando por el mundo”. Antes que la destrucción de nuestra moneda, aniquilamos aquel concepto. La primera virtud de la ley es ser posible de cumplir, como enseñaba El Principito (V. El gobierno de las leyes, Lynch-del Carril, la nación, 17/May/77. En esta línea parecería que cambiar la estructura del poder en la Constitución solo generará una nueva desilusión. Horacio M. Lynch lynchhoracio@yahoo.com

Images:

Categories:

LA NACION

© PressReader. All rights reserved.